"El dióxido de carbono en los vinos espumosos puede definirse como un componente fundamental. Su presencia en dosis de hasta 10-12 gramos por litro representa un impresionante vehículo para transportar componentes volátiles al sentido del olfato y, junto con la influencia físico-química y mecánica ejercida sobre el gusto, confiere a los vinos espumosos su tipicidad cualitativa, más allá del conspicuo e importante fenómeno de la espuma. Desde la apertura de la botella hasta su exuberante expansión en la copa, hasta su retirada en forma de una corona viva en la superficie del vino, hasta su continua liberación en forma de perlas que se lanzan desde el fondo de la copa, el dióxido de carbono del vino espumoso nos entretiene, representando para nosotros un espectáculo tenue y discreto, en el que participamos directamente, modificándolo con pequeños sorbos."
Creado por d'Araprì