"CUATRO BOCAS SEDIENTAS
(de "Líricas Radiofónicas", 1934)

La primera boca dice:
Yo quiero vino seco... rojo claro... con transparencia de rubí. Acercando la copa a mis labios, un calor fragante debe embriagarme ligeramente. En el paladar debe aparecer tranquilo, fluido y refrescante. En la garganta debe deslizarse como una cascada cristalina de paz recogida y de poesía silenciosa. A través de sus reflejos, debo ver la línea sinuosa de su perfil delgado de avispa clara, rojo sangre de fresa filtrada con venas azuladas de aire purísimo prealpino. Vino preparatorio... adolescente... primaveral que me dé una sensación de baño interior, de saludable fregado a los músculos y de ligero calor optimista.

La segunda boca dice:
Yo deseo vino espeso, redondo, carnoso, nutritivo y lleno. Un vino que me lo diga todo. Nada dulce, sólido, maduro y viril. Cuadrado de cuerpo, casi sombrío en el ceño, profundo en la mirada. Cuando escribe en el mantel, debe ser negro y fuertemente afirmativo. Su mancha derramada, bien contorneada sin borrones acuosos, debe descender en la garganta como un alimento, como una loncha de carne líquida. Su aroma de corto alcance, poco expansivo pero saturado e intenso: un vino del sur de rostro bronceado, nervio solar, puño seguro, grado alto, voz apasionada.

La tercera boca dice:
Yo lo deseo color del oro, pastoso al paladar. Azucarado en la garganta. Vino que cante los viñedos soleados de las colinas apeninas, de las colinas romanas y de los golfos estivales... blanco por decir algo. Su verdadero color entre el oro y el cobre con listas de latón, con pupilas de oro viejo y miradas de oro. Nuevo en la lengua, debe extenderse como el aceite y en la garganta debe descender como el terciopelo. A la vista debe aparecer como el sol en una botella, aroma de melocotón maduro, fuerza de un licor, fluidez de una cabellera tizianesca. En la boca debe llenar cálidamente con ingenuidad inflamante. Apenas bebido debe transformar la sangre en oro solar, las venas irradiar luz fosforescente, dando una sensación de beatitud.

La cuarta boca dice:
Yo tengo gustos completamente diferentes. Soy metropolitano y nocturno. Deseo vino: ni sólido, ni oscuro, ni ligero, ni dorado; ni dulce, ni pasificado; ni tizianesco, ni rubí. Sino un vino espumoso en escote, de plata, saltarín. Que apenas descorchado inicie su canto resonante con un disparo. Con un estallido vertical seco directo al techo. Soberbio como el silbido de una locomotora de vapor, con en la cabeza un alto copete de espuma de parada. Un vino coracero. Un vino que apenas llega a la boca recuerda los cedros, los limones, las naranjas y las espumas marinas, mezclados con bellos dientes blancos y espumosas risas de alegría nocturna. Transparencias de escote, reflejos de alabastro, manos de cera anilladas; París, San Remo, Montecarlo, ruleta, ojos de bombillas, dólares y ruedas de fuegos artificiales. Brindis - decoraciones - victorias - bautismos - ceremonias - fanfarrias - botellas - agarradas por el cuello y asesinadas contra el hocico afilado de las proas - música a bordo - silbidos de sirenas y jazz en los cabarets. Alegría descorchada y fuente iridiscente de felicidad..."

Fortunato Depero

Pintor - Poeta • Italia • Siglo XX

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