"EL DON DE DIONISO Y el racimo más grande/ recogí ávidamente,/ que pesaba de ambrosía/ como el seno inefable/ de una diosa/ dado al adolescente/ para alegrarse y morir allí./ Las uvas estaban vivas/ de calor inagotable/ a mis dedos de hielo./ Sentí en mi corazón el aroma/ de la hoja de vid desgarrada/ como un velo/ arcano que se hendía./ Oh Vida, eso me pareció el primero/ y el último de tus dones,/ y que mis jóvenes dientes/ nunca habían movido la pulpa de rico/ fruto ni mis labios sangrientos/ habían bebido un sorbo silvestre./ Sentí en mi corazón/ el aroma de todos los viñedos/ y el sabor de todos los mostos,/ tuve las cosechas espumosas/ de todos los otoños fértiles/ en mi corazón y las fiestas y canciones/ el choque de pies danzantes el sonido/ de flautas frigias y Lesbos/ roja de antorchas para el nacimiento/ del vino y la ola coral/ y el paso del coturno lidio./ Oh Vida, cuando mi boca/ Virgen de besos/ Di a tu racimo nocturno."

Gabriele d'Annunzio

Poeta • Italia • Siglo XIX

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