"EL VINO DEL ASESINO ¡Mi esposa ha muerto, y soy libre!/ Puedo beber finalmente a mi antojo./ Cuando volvía a casa sin un centavo/ Sus gritos me desgarraban el alma./ Ahora me siento feliz como un rey:/ El aire es puro y el cielo espléndido.../ Era justo un verano así/ Cuando me enamoré de ella./ Para calmar esta sed que me atormenta/ Se necesitaría tanto vino como/ Su tumba pueda contener;/ Y eso es mucho decir./ Porque la arrojé al fondo de un pozo,/ Y encima de eso arrojé/ Todas las piedras del parapeto./ ¿Podré olvidarla?/ En nombre de los profundos juramentos/ De los cuales nada puede desatarnos,/ Para volver a amarnos/ Como en los tiempos de nuestras borracheras,/ Le rogué que nos encontráramos de nuevo,/ De noche, en un camino solitario./ ¡Ella vino, criatura loca!/ ¡Todos estamos un poco locos en este mundo!/ Todavía era bonita,/ Aunque un poco desvanecida,/ Y la amaba demasiado, y entonces le dije:/ ¡Sal de esta vida!/ Nadie puede entenderme: tal vez/ Uno de esos muchos borrachos estúpidos/ Haya pensado alguna vez en alguna noche de pesadilla/ ¿En convertir el vino en un sudario?/ Todos estos canallas invulnerables,/ Marionetas de hierro/ Nunca jamás, ni en verano ni en invierno,/ Han conocido el verdadero amor,/ Con sus negros hechizos,/ Su infernal séquito de alarmas/ Los frascos de veneno, sus lágrimas,/ ¡El crujido de cadenas y huesos!/ -¡Aquí estoy libre y solo!/ Esta noche estaré borracho perdido;/ Y entonces, sin miedo ni remordimiento,/ Me acostaré en el suelo,/ ¡Y dormiré como un perro! Un carro con sus pesadas ruedas,/ Cargado de piedras y barro,/ O un tren furioso, si quiere/ Puede aplastar mi cabeza culpable/ O incluso cortarme por la mitad:/ ¡Me importa un bledo el Señor,/ El Diablo y todos los Sacramentos! (de Las flores del mal)"

Charles Baudelaire

Poeta • Francia • Siglo XIX

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