"EL VINO DE LOS TRAPEROS
A menudo, en el resplandor rojizo de una farola
Cuyo viento golpea la llama y atormenta el cristal,
En el corazón de un viejo suburbio,
Un laberinto fangoso donde la humanidad pulula en fermentos tormentosos,
Se ve a un trapero avanzar,
Moviendo la cabeza, tropezando y chocando contra las paredes como un poeta,
Y, sin tener en cuenta a los espías, sus súbditos,
Entregando todo su corazón a proyectos gloriosos.
Pronuncia juramentos, dicta leyes sublimes,
Humilla a los malvados, levanta a las víctimas y se embriaga con los esplendores
De su propia virtud bajo el cielo suspendido como un dosel.
Sí, angustiados por penas familiares, rotos por la fatiga y desgastados por los años,
Abandonados, doblados bajo una masa de basura
Que la enorme París vomita confusamente,
Reemergen, oliendo a cuba,
Seguidos por compañeros encanecidos en las batallas,
Los bigotes colgando como viejas banderas.
¡Las banderas, las flores y los arcos triunfales
Se alzan ante ellos por solemne magia!
Y en la brillante y ensordecedora orgía de trompetas,
Del sol, de gritos y de tambores,
¡Devuelven la gloria a un pueblo ebrio de amor!
Así es como, deslumbrante Páctolo,
El vino hace fluir el oro en medio de la vana Humanidad;
A través de la garganta del hombre canta
Sus hazañas y reina por medio de dones
Como lo hacen los verdaderos reyes.
Para extinguir el rencor y calmar la indolencia de tantos viejos que mueren,
Malditos, en silencio, Dios, preso del remordimiento,
Creó el sueño; ¡el Hombre añadió el Vino, hijo sagrado del Sol!
(de Las flores del mal)"

Charles Baudelaire

Poeta • Francia • Siglo XIX

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Creado por d'Araprì