"EL BRINDIS
Los días rápidos vuelan
de mi querida vida:
y llegado a la pendiente
la edad se precipita.
¡Las hermosas, ay! que al fingir
tienen una lengua tan rápida,
sólo me repiten esta
ingrata verdad.
Con esas miradas mudas,
con ese comportamiento avaro,
me dicen muy claramente:
ya no somos para ti.
Y huyen y retozan
entre la juventud vivaz;
y hacen elocuentes
el ojo, la mano y el pie.
¿Qué hacer? ¿Debo con lágrimas
mojar mis pestañas por esto?
Ah no; mejor consejo
es disfrutar aún.
Si ya de tiernos mirtos
recogí mi parte en Gnido
dejemos que a esa orilla
el Amor vaya con otros.
Que las espaldas cándidas se giren
que las hermosas se giren hacia mí:
cada placer con ellas
no se va al final.
A Baco, a la Amistad
consagro los días venideros.
Que los mirtos caigan y se adorne
con hiedra el cabello mixto.
¿Qué haces en esta cítara,
cuerda, que cantaste al amor?
Mal contrastas el tenor
de mi nuevo placer.
Ahora deléitame cantar
entre mis alegres amigos,
deseándoles felices
virtiendo del vaso.
La inestable Venus huye
con la estación de las flores:
pero tú, Líaos, restauras
cuando diciembre salió.
El amor con la edad ferviente
debe desvanecerse;
pero la amistad nos sigue
hasta el último día.
Las hermosas, que ahora se alejan
tímidas lejos de nosotros,
vendrán a nosotros entonces lentamente
su brindis a ofrecer.
Y nosotros compañeros amables
¿qué hacer con ellas entonces?
Con ellas un vaso de nuevo
para beber; y luego morir."

Giuseppe Parini

Poeta • Italia • Siglo XVIII

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